viernes, octubre 30, 2009

Somos lo que comemos, somos nosotros y nuestras circunstancias y somos tan complejos como “simples”...


Nuestra realidad se nutre de nuestra percepción. No somos una película virgen sobre la que proyectamos imágenes. Tenemos unos filtros que procesan toda la información, externa e interna. Podemos interpretar erróneamente la información. Hace no mucho tiempo vi un documental sobre la percepción en el que se observaba una escena, un hombre tras a una mujer que llora (no es exactamente así, pero no lo encuentro por ningún lado). Se proyectaba la escena con una música de fondo “tensa”. Después se pedía a los espectadores que transmitieran lo que habían interpretado que sucedía en la escena. Posteriormente, con otro grupo de espectadores, proyectaban la misma escena pero esta vez con una melodía “romántica”. La acción era narrada de manera completamente diferente por los primeros y segundos espectadores. Para unos era el preámbulo de una violación. Para otros, una escena de desamor...

Según el contexto podemos entender de diferente manera una misma información. Sapolsky en su libro “Por qué las cebras no tienen úlceras” pone tres ejemplos al caso: un soldado herido en la guerra, un paciente oncológico que sufre dolor debido a una nueva medicación y un hombre que se despelleja la rabadilla copulando sobre un felpudo. En el primer caso, el hecho de ser herido en combate significa que para el soldado, la guerra ha terminado. Vuelve a casa. Existe una percepción “positiva” de ese dolor. En el segundo, parece ser que la medicación está produciendo efecto y el dolor es el resultado de dicha interacción. Buenas noticias. En el tercer caso... ¿dónde dices que hay qué?... a lo suyo.

Dependiendo del contexto, una experiencia dolorosa puedo serlo más o menos. Determinados mecanismos entran en acción para darle más o menos “importancia” a ese dolor. Uno: me voy a casa. Dos: Me voy a curar. Tres: ¡Yuju!...

Pero además, podemos interpretar de manera errónea la percepción dolorosa. El “teléfono loco”, juego de la infancia donde uno dice una larga frase sin demasiado sentido al oído del compañero que tiene a su derecha. Éste a su vez transmite lo que ha entendido al siguiente, hasta que finalmente el mensaje llega hasta el individuo que inició el juego. Algo así como el famoso vídeo de “Martes y Trece: Empanadilla de Móstoles”.

Del mismo modo, la información en nuestro cuerpo viaja por distintas “partes” hasta llegar a conformar un proceso consciente del mismo. Es relativamente fácil entender que dicho proceso puede llevarnos a un error interpretativo. Nuestra cultura ayuda mucho a que así sea.

Una de los motivos de consulta más frecuente en nuestro centro es el dolor de rodilla. Los pacientes, especialmente los deportistas, vienen preocupados por sus ligamentos cruzados y sus meniscos. Nadie se preocupa por si tiene inflamada la grasa de Hoffa, o una irritación de la rama infrapatelar del nervio safeno, porque desconocen dichos cuadros dolorosos y no pueden reconocerse en ellos, pero si han visto a Ronaldo y a otros muchos jugadores famosos sufriendo por algo parecido a lo que ellos sienten.

Somos nosotros y nuestras circunstancias. Dependemos de lo que conocemos. Lo que no lo imaginamos. Tenemos un esquema corporal cerebral más o menos acertado. Somos humanos, podemos errar y de hecho lo hacemos con cierta frecuencia. Una interpretación errónea de una información dolorosa puede llevarnos por el camino de la amargura porque nadie es capaz de encontrar su causa, nadie puede mostrárnosla en una resonancia magnética y muchas veces nos acusan de inventarnos el dolor. El dolor es una experiencia real. No nos confundimos al sentirlo. Es la interpretación del mismo la que puede estar equivocada.

Tan complejos y tan “simples”...

4 comentarios:

Blogger Jesús Castro Rodríguez ha dicho...

Hola Villovi. Yo añadiría que la importancia de esa interpretación es que va a dirigir lo que hagamos y por tanto se convertirá en según que hechos. Y esto es lo crítico, que el dolor se tiene indudablemente, pero la atribución que hace la persona de ese dolor es lo variable y lo que tiene consecuencias.
Un saludo, fantástica entrada.

3:31 p. m.  
Blogger Arturo Goicoechea ha dicho...

Uno de los problemas del lenguaje blogueril es que no nos oímos, no nos vemos las caras, no escribimos (grafología) ni escuchamos las mismas músicas en esos momentos. El problema puede ser una virtud pues se ve el plumero más fácilmente al que lee.

En la consulta hay que estar atento a lo que el paciente interpreta para entrever sus entretelas.

Saludos

8:29 p. m.  
Blogger Jesús Castro Rodríguez ha dicho...

Exactamente Arturo, coincido. "El como se cuenta" lo que se dice y lo que no se dice.
Creo que es un buen camino ese. Y no se si es que es la norma, o es infrecuente en vuestras profesiones. Por lo que deduzco de leeros, es que es bastante infrecuente, sin lugar para estas cosas, solo datos, análisis y estudio de la zona dolorida.
Esperemos que eso cambie...

10:41 p. m.  
Blogger villovi ha dicho...

Coincido con vosotros. Realmente el asunto este de abordar al paciente desde un punto de vista "bio-psico-social" (falta la acepción al término "neural" que dice Maimai), es algo relativamente innovador. Hasta no hace demasiado, como planteé hace poco, el paciente era considerado como una suma de sistemas. Se analizaban éstos y se realizaba el tratamiento. El dar importancia a cualquiera de nuestras interacciones con el paciente y viceversa todavía no es la norma.

Creo que nuestra realidad va cambiando progresivamente. Son muchas las cosas a mejorar y eso requiere un tiempo.

Gracias y un saludo.

8:25 a. m.  

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