martes, enero 19, 2010

Una vida de aprendizaje

La vida es un aprendizaje constante. Creo que nunca dejamos de aprender, y cada día debe suponernos una nueva lección. Según la cultura, creencias e ideologías particulares de cada sujeto, cada piedra en el camino tiene su por qué. Dios nos pone a prueba. O el obstáculo no está ahí para detenernos si no para probar cuánto queremos las cosas.

Me queda mucho por aprender, pero parto de una muy buena base. He aprendido lo fundamental, no para sobrevivir, si no para disfrutar de cada día. Sin ni siquiera merecerlo, mis padres me dotaron de cuanto necesitaba para ser feliz: todo su amor. Y bajo ese cálido abrigo protector he ido creciendo como persona y disfrutando de cada minuto de vida.

Me resulta fascinante aprender. Siempre me he hecho preguntas “trascendentales” de las que creo que todo el mundo se hace. ¿Para qué estoy aquí? ¿Cual es mi cometido, si es que tengo alguno?... pero hasta hace poco no me he interesado por lo que ahora me parece más relevante: ¿por qué me hago ese tipo de preguntas? es más, ¿cómo es que soy capaz de hacerlas?. Y entonces empecé a interesarme cada vez más por la “neurociencia”.

Ahí conocí el papel de las “neuronas espejo”. Me resulta curioso el papel dominante que la sociedad le da a la genética. Me parezco a mi padre por los genes. Pero no físicamente. Mis posturas, mi hábitos, mis gestos... ¿vienen condicionados genéticamente?. No exactamente. Mi aprendizaje “primario” viene de la observación e imitación. Cuando vemos a alguien hacer algo, una parte de nuestro cerebro se activa, “interpreta” qué esta haciendo el otro como si fuéramos nosotros quienes lo hacemos.
En gran parte soy lo que soy gracias a aquellos a quienes he imitado.

Una de las cosas que he aprendido de mi todavía corta (pero no menos valiosa) experiencia, es que la vida es presente. Y creo que es la lección más importante que puedo compartir. Yo mismo he criticado a la sociedad del “yo y ahora”. Y lo sigo pensando, pero desde un punto de vista “consumista”. Como en la película Wall-e, pienso que la sociedad se dedica a satisfacer “necesidades” autoimpuestas a golpe de talonario hipotecando para ello nuestro futuro. Pero no creo que la sociedad actual viva el presente.

Todos vivimos la vida pensando en el mañana. Nuestra vida es futura. Cuando llegue a... cuando tenga... cuando pueda... pero nunca hoy. Nunca ahora. “La vida es eso que pasa mientras tú haces otros planes”.

Sabemos que cual yogur, tenemos fecha de caducidad, pero parece ser que en nuestra sociedad es un tema tabú en el que es mejor no pensar (curioso teniendo en cuenta que nuestra sociedad bebe del catolicismo y la muerte supone el inicio de la vida eterna). Todos tememos a la muerte. Como en la tele, ante una muerte inminente intentaríamos hacer realidad nuestros sueños. ¿Es que nadie es consciente de que todos vamos a morir? ¿Por qué no intentar cumplirlos cada día? “Yo no le tengo miedo a la muerte; tengo miedo a morirme”.
¿Realmente disfrutamos con lo que hacemos cada día? ¿Disfrutamos nuestro día?

En segundo lugar, he aprendido a perseverar. Me han enseñado que debo superarme, porque en esta sociedad sobrevive el más “fuerte” (ha cambiado el concepto pero la definición parece ser la misma que desde el comienzo de las especies).

Pero he aprendido que mi meta no es competir con los demás. Debo superarme a mi mismo cada día. Ser mi mejor yo. Y eso no significa tener más éxito laboral o mejor reconocimiento social. Significa que ante toda circunstancia hay que salir adelante. Que por muchas piedras, obstáculos o pruebas, tenemos que seguir dando lo mejor que podemos ofrecer.

A veces el camino es gélido, pero tenemos la gran suerte de poder contar con ese cálido abrigo protector, que en mi caso es mi familia. Ante cualquier circunstancia, ante cualquier evento por difícil que parezca, seguiremos adelante disfrutando del camino, de nuestro camino, acompañados por los nuestros y arropados por su amor.

Doy gracias por cuanto soy, por cuanto he aprendido y por cuanto tengo.

Gracias mamá. Gracias papá.



Disfrutaremos juntos el camino.

P.D- Adjunto un vídeo que vale la pena ver de vez en cuando: "Discurso de Steve Jobs en la Universidad de Stanford".

viernes, enero 08, 2010

Historias para no dormir (de otro fisioterapeuta)


Hoy posteo una entrada que "no me pertenece". El autor de la misma es un jóven fisioterapeuta, Ismael Soler Roselló, con quien la suerte de aprender cada día:

"Cuando por fin has aprendido todas las longitudes de onda a las que actúa el laser y has memorizado en que situaciones es adecuado utilizar cada una; es entonces cuando te das cuenta que todos los conceptos que flotan en la superficie de tu subconsciente no sirven para nada.
Es cierto, el principal problema de un fisioterapeuta recién nacido, es que no sabe qué cosas puede tratar con efectividad; no me refiero a lo que le han dicho que debe tratar o a lo que no debe, sino a lo que realmente somos capaces de abarcar como profesión.

Desde siempre he creído que lo podemos todo, es poco modesto admitirlo pero siempre he pensado así; lógicamente no me refiero a temas tales como neoplasias sino a aspectos físicos. Pero ahora me encuentro en una nueva encrucijada en la que espero y creo que todos los compañeros os halláis encontrado alguna vez.

Voy a tratar de plasmarlo en un ejemplo: Un día decido comprar una casa y con ella viene incluido un campo de maíz; supongamos que yo no tengo ni idea de lo que es el maíz, más aún no sé ni para qué sirve un campo. Entonces pasan los días y una mañana aparece frente a mi puerta una maquina recolectora de maíz, yo sigo sin saber que es el maíz pero sé que tengo algo que sirve para recogerlo (porque lleva un cartel). A la mañana siguiente aparece un hombre muy simpático y me explica que es el maíz y que además sirve para comer y que me ayudará a eliminar el hambre así que me enseña a cultivarlo y con eso vivo feliz el resto de mi vida.

Es una metáfora extraña, pero hagamos unos cambios, sustituid maíz por problema funcional, maquina recolectora por técnicas fisioterápicas, hambre por dolor y por ultimo transformad al hombre simpático en cada uno de los profesores o especialistas que os han instruido en fisioterapia.

Me encuentro pues con un paciente que tiene un problema funcional que genera dolor y según lo que muchos hombres simpáticos me han dicho a lo largo de mi formación realizo una serie de técnicas que se y que se demuestra que eliminan ese dolor; ahora bien ¿Por qué ese dolor o problema o disfunción o compensación o rigidez aparece? Tenemos muchas formas de eliminar el dolor, desde integraciones biopsicosociales hasta neurofisiología del dolor pero ¿qué pasa cuando tratas de montar un castillo de naipes muy rápido? Pues que si los cimientos no son sólidos todo se te derrumba.

Es decir, ¿cuál de todos los maestros tiene la razón? y más acojonante todavía ¿existe alguna razón? Un dolor en la cara anterior de la rodilla con gesto doloroso al subir escaleras ¿Por qué duele? ¿Ligamento lateral, rama infrapatelar nerviosa, banda tensa muscular, mala alineación? Entonces ¿porque si todas las pruebas me llevan a pensar en que el problema (supongamos que es femoropatelar) posteriorizo el peroné (o mejor dicho las estructuras de todo tipo que hay por esa zona) y el dolor desaparece?

Quiero creer que todo tiene que ver con inputs cerebrales y que al fin y al cabo como dice Arturo Goicoechea el cerebro es en última instancia el director de la orquesta y si el director levanta la batuta más de la cuenta puede que una nota, en nuestro caso una sensación somática, suene estridente y molesta.
Resumiendo, ¿conseguiríamos eliminar el dolor si trabajásemos únicamente a nivel neurofisiológico o es la integración de nuestro hardware y software lo que hace que nuestro MacBook interno funcione? ¿Qué fue antes el huevo o la gallina?
             

La conclusión de todo esto es que no concluye, que al final para que no nos pase como a Descartes tenemos que aceptar alguna explicación del porque trabajar de una manera y no de otra, de porque hoy es el ligamento lateral interno y como eso no ha funcionado mi hipótesis nueva es que tu problema es referido por un punto gatillo y si ya nada consigue mantener tu dolor a raya independientemente que la inflamación y edema hayan desaparecido empiezo a pensar que tu problema es una mala integración sensitiva o una sensibilización central.

La línea que separa el ser profesionales objetivos de ser hechiceros con conjuros que realmente funcionan es más fina de lo que queremos creer y para ello la única solución es lo que mis padres me han dicho toda la vida “estudia hijo, estudia, no vaya a ser que el día de mañana alguien pueda tomarte el pelo”
 
PD: ¿Estoy loco?."

sábado, diciembre 26, 2009

El poso de la taza


El conocimiento es tan solo un acercamiento a “la verdad”. Con cada avance que se produce en la ciencia intentamos situarnos más cerca de ese concepto “ideal”. Cada nuevo aporte supone un poco más de luz, que en determinadas ocasiones, puede llegar a cegarnos, o cuanto menos, deslumbrarnos.

Para un servidor, uno de los aportes/avances más trascendentes o relevantes en el campo de la “medicina” (de las ciencias de la salud) es el de la inclusión de la “red neuronal”. El tener en cuenta el “rol” del sistema neuroinmune. El dejar de obviarlos.

Hasta no hace demasiado no había considerado la relevancia y el significado de “miembro fantasma” (y desconocía completamente la linea de trabajo del grandísimo V. Ramachandran y el “relevo” y posterior avance llevado a cabo por el NOI group de la mano de David Butler y Lorimer Moseley). Conocía, de haberlo leído, el abordaje biopsicosocial. Intuía la relevancia del aspecto psicológico, pero desconocía cuánto se sabe actualmente de neurociencia y obviamente la relación con el dolor.

Se trata de eso. En fisioterapia trabajamos “contra” la incapacidad, y el dolor es uno de los motivos más incapacitantes. Comenzamos a entender la naturaleza del dolor (la fisiología de los procesos implicados en el dolor) y entonces comprendemos la importancia capital de dichos procesos desde un punto de vista “global”, entendiendo por global la interacción de los diferentes sistemas de los que se “compone” el individuo.

Durante demasiado tiempo la fisioterapia ha sido una ciencia excesivamente mecanicista que tan solo entendía de anatomía y biomecánica. El enfoque de muchos terapeutas se ha limitado a músculos, articulaciones y cadenas miofasciales.

Somos una ciencia joven y es importante tenerlo presente para entender muchos de los errores en los que solemos incurrir por ese ímpetu “adolescente”. Uno de los más frecuentes es el del “totalitarismo”. Pasamos del todo a la nada y viceversa sin demasiada dificultad, y eso puede ser un problema. Es necesario algo de criterio, y eso solo puede obtenerse como fruto de la experiencia.

Debemos intentar situarnos, contextualizarnos. La fisioterapia puede ser una herramienta sumamente útil en el manejo del dolor. Tenemos una posición privilegiada por el contacto directo que tenemos con el paciente. Podemos romper con mitos y antiguas creencias erróneas sobre la enfermedad, la salud y el proceder de la medicina. Podemos dotar de conocimiento al paciente, de herramientas pedagógicas fundamentales para su evolución.

Sin embargo, como es lógico, no debemos excluir de nuestro proceder abordajes o enfoques que no solo dan han demostrado buenos resultados a nivel clínico si no que además tienen el respaldo de la evidencia científica.

No vamos a olvidar ahora la anatomía, la biomecánica, la importancia de la alineación. No se trata de relegar a un segundo plano lo relacionado con el “cuerpo” para ocuparnos ahora solo de la “mente”. Creo que ni siquiera deberíamos considerar esta dualidad, porque solo puede confundirnos.

El aprendizaje requiere asimilación. Necesitamos que los nuevos conocimientos sedimenten. Es bueno que pensemos y recapacitemos sobre los aportes que los diferentes conceptos, autores y planteamientos han hecho en pro de la fisioterapia, y que intentemos integrarlos. Que sumemos y crezcamos en pro del paciente.

martes, diciembre 08, 2009

La compleja simpleza o la simple complejidad


Cuadro clínico. Un concepto que me pareció interesante en su momento. Sustituía el diagnóstico, con su “sentencia cerrada”, por una serie de signos y síntomas que se repiten en diferentes pacientes, orientándote a pensar en un determinado componente y un posible tratamiento.

No deja de ser otra etiqueta, pero más “abierta”. Pasamos de “pieza de ropa, concretamente pantalón vaquero azul de la talla 46” a “posible prenda para las piernas”. Menos específica y con menos margen de error, puesto que no se trata de “nombrar” problemas, si no de intentar solucionarlos.

Seguía faltando una pieza en el puzzle. Continuaba siendo demasiado “impersonal”. Le faltaba el contexto. A mis cuadros clínicos les faltaba “el paciente”. No se trata de una sucesión de signos y síntomas. Son los signos y síntomas que presenta mi paciente y cómo éste los interpreta, los explica y los vive.

Parece que durante mucho tiempo ha existido una dicotomía entre “cuerpo” y “mente”, entre lo biomédico y psicosocial. Esto es señal de que vamos dejando atrás absurdas trifulcas partidistas y estamos adaptándonos a nuevas formas de pensar.

Todo aprendizaje lleva un proceso de asimilación. Durante el mismo es fácil confundirse.

Creo que he estado confuso durante mucho tiempo. No se trata de dos variables con las que operar. No es una mezcla de dos sustancias. No son dos partes de un puzzle que hay que tener en cuenta del mismo modo. No es 50%-50%.

El individuo no es la simple suma de las partes. Es un todo. El abordaje biopsicosocial entiende el todo, y dentro del todo, obviamente, podemos dividir, para su comprensión y estudio, diferentes componentes, sin olvidar que hablamos de un todo indivisible.

-¿Cuánto de “anatómico” presenta mi paciente X? ¿Cuánto de psicosocial?...

“No lo se. No me importa”.

Es cierto que tendemos a compartimentarlo todo, o al menos lo intentamos. El problema es que posiblemente no lo hagamos correctamente y eso no lleve a error (intentamos “compartimentar la felicidad”...).

No somos componentes diferenciados. No somos solo varios sistemas interactuando.

Somos “simplemente” complejos individuos con un determinado contexto, en un determinado entorno y con unas determinadas circunstancias.

Una “dolencia” concreta no dice nada en ausencia de un “dolorido”. Del mismo modo, un diagnóstico, un cuadro clínico, carece de significado descontextualizado del paciente que lo presenta.

Partiendo de esa base, podemos plantear un tratamiento.

viernes, diciembre 04, 2009

¿Diagnóstico? indiferencial


Ya en segundo de carrera me preguntaba por qué el fisioterapeuta no podía diagnosticar. En otros países el fisioterapeuta podía solicitar radiografías, empleaba ecógrafos... estudiamos patología del aparato locomotor, afecciones del sistema nervioso... ¿cómo podían pretender que, cuando viera a un paciente, que acudía a mi consulta por una aparente rotura fibrilar, no le diagnosticara una rotura fibrilar?

Gracias a Dios, el tiempo y la experiencia nos va concediendo ciertas virtudes de las que carecemos en el ímpetu de la juventud. Hoy repito hasta la saciedad, a quien quiere escucharme (o leerme), que los fisioterapeuta ni pueden ni saben diagnosticar. De hecho cada vez creo menos en el diagnóstico (en el campo en el que me muevo).

No creo en el diagnóstico del mismo modo que no creo en el psicoanálisis. Me parece que lo de psicoanalizar la lesión es cuanto menos relativo. Además, me parece atrevido “acusar” un determinado componente como culpable. Pueden existir colaboradores. Un dolor X puede tener múltiples implicaciones. Y eso es lo que yo puedo valorar en consulta.

Puedo valorar diferentes implicaciones, ver la relación que tienen con respecto al dolor que presenta el paciente, tratarlas y tratar de producir cambios. Eso demostraría que un determinado componente Z parece tener cierta implicación en la sintomatología de mi paciente, luego voy a tenerlo en cuenta a la hora del tratamiento (y autotratamiento), para favorecer cambios. Sin etiquetas. Sin pretender crear nuevos miedos e incertidumbres en mi paciente.

Se trata de influir sobre la clínica del paciente. No se trata de poner etiquetas. No es nuestro cometido. Etiquetar supone cribar una serie de factores y circunstancias que creo que a día de hoy no se puede llevar a cabo de manera selectiva. No podemos obviar el papel fundamental del cerebro, de la información así como de la desinformación que presenta nuestra sociedad en materia de salud.

No trato articulaciones, no trato músculos, trato personas. Sujetos aquejados de un dolor, que muchas veces les incapacita para seguir con su día a día. Las etiquetas no me aportan toda la información que necesito. Además, como fisioterapeuta, mi campo de actuación se centra en las disfunciones del movimiento. Ahí “destaco” y ahí debo destacar. Como la grandísima señora Sahrmann soy partidario de que el fisioterapeuta debe ser “oficialmente” el especialista en la exploración, valoración y tratamiento de las disfunciones del movimiento, y su campo de trabajo, el sistema del movimiento (con todas sus implicaciones).

Podemos valorar la implicación de diferentes componentes en un movimiento doloroso, tratar de diferenciar las estructuras con mayor implicación en el dolor (o limitación del movimiento si fuera el caso) en caso necesario, y tratarlas para influir sobre ellas y por ende sobre la clínica del paciente (junto con el siempre aspecto fundamental del manejo de la información. Hay que convertir al paciente en el centro del tratamiento. Dotarle de conocimientos y herramientas de control, descontextualizar su dolor...

Nunca debemos descuidar los aspectos teóricos que subyacen a la práctica clínica, pero no deben guiar nuestras acciones terapéuticas. Deben influir. Otra vez hablamos de contribuciones. La teoría contribuye a la práctica, puede tratar de orientarle, pero no puede limitarle. El campo es tan amplio, tantos factores a tener en cuenta, y sobre todo, el individuo es tan individual, que tratar de encasillarlo se convierte en una ardua tarea, como pretender delimitar el océano.

Que la rodilla duela no significa que la rodilla este dañada. Tampoco que la rodilla sea fuente de dolor. Hay que tener en cuenta otras estructuras y otros sistemas. Puede existir un dolor referido. Puede existir una alerta nociceptiva.

¿Cómo se diagnostica eso?

miércoles, noviembre 25, 2009

Blanco Vs. Negro o ¿por qué no podemos ser amigos?


Es una relación sumamente lógica. Me duele algo "ergo" algo funciona mal. Mi dolor "proviene de la rodilla" ergo la rodilla funciona mal.

Es de cajón. ¿Cómo iba a ser de otra forma?. Donde esta el dolor esta el mal. Ahora falta saber si es por los meniscos, por los ligamentos, por el cartílago o por la edad (si la persona tiene más de cuarenta años). La radiografía dice que no es de hueso pero me han mandado unas pastillas para regenerar el cartílago. Falta la confirmación de la resonancia y ya casi tenemos la sentencia de quirófano, porque si en las pruebas finalmente no aparece ningún dato revelador, lo mejor es ver la rodilla desde dentro mediante una artroscopia, que apenas es invasiva.

Confuso, el paciente decide visitar a un fisioterapeuta antes de pasar por la mesa de operaciones, por si tuviera un punto de vista diferente y pudiera mandarle algún ejercicio o hacerle algún masaje que redujera el dolor. Por suerte para este paciente, le atiende un fisioterapeuta "moderno", adoctrinado en el abordaje biopsicosocial, que le hace todo tipo de preguntas y comienza por explicarle que tras cuatro meses de evolución, su dolor no tiene relación con su daño. De hecho no existe daño aparentemente puesto que ninguna de las pruebas que le han realizado hasta el momento demuestra que exista ningún daño en ninguna estructura.

Nuestro amigo fisioterapeuta le pone una presentación en powerpoint al intrigado paciente, que acaba de descubrir que lo que él consideraba un problema de la rodilla resultaba no serlo, y lo que él pensaba que hacía un fisioterapeuta (masajes y ejercicios) resultaba que tampoco. Tras una larga "charla" y un par de consejos, el paciente vuelve a casa.

El proceso de razonamiento seguido por el traumatógo que lo atendió, obviamente se basaba en la teoría, en este caso concreto, biomédica o anatomopatológica. El dolor del paciente era fruto de un daño estructural. Al menos en teoría. El problema viene a la hora de intentar "practicar teorías".

Finalmente este caso se resolvió después de que el paciente, cansado de fisiología y powerpoint, rebotó en otro terapeuta que, además de preguntarle, le valoró los diferentes componentes que, a nivel teórico, podían contribuir en ese dolor. Y así incluyó en su estudio, además de la rodilla, cadera, columna lumbar, estructuras neurales, valoración de la "pisada"... y mejoró un 100% en cuatro sesiones de tratamiento. No fue necesaria la intervención quirúrgica (en otras ocasiones imprescindible).

Las posturas encontradas son más escasas que las enfrentadas. Es difícil adaptarse a los cambios, pero necesario. El saber que además de “continente” (cuerpo físico) tenemos “contenido” (“cerebro”), que el dolor no siempre implica daño, que los filtros que procesan la información son fundamentales en la modulación del dolor, etc. no implica que debamos rasgarnos las vestiduras y renunciar a todo el conocimiento previo. Para evolucionar debemos integrar e incluir. Sumar y no sustituir.

Seguiré defendiendo que el fisioterapeuta trabaja con sus manos. Nuestro contacto físico con el paciente es una herramienta de trabajo. Podemos facilitar cambios en la percepción del cuerpo virtual de nuestro paciente. Podemos facilitar movimientos, eliminar el componente doloroso del mismo...

Podemos hacer que nuestro paciente se involucre en el proceso de tratamiento. Podemos enseñarle cómo funciona el cuerpo, por qué creemos que tiene dolor, el proceso fisiológico que subyace al mismo. Podemos darle confianza, podemos estimularle con ejercicio terapéutico...

Tenemos un abanico terapéutico amplio y cada vez con mayor respaldo científico.

Sigamos sumando (sin perder el norte...).

jueves, noviembre 19, 2009

Herramientas de control


Creo que es importante ser crítico con uno mismo. Puede ayudarnos a evolucionar como personas y terapeutas. Como no disfruto de una memoria envidiable, siempre voy haciendo anotaciones en un “cuaderno”. Una de las cosas que me “gusta” registrar son los “fracasos terapéuticos”: gente que desiste seguir con el tratamiento (conmigo) porque no mejora y piensan que no hay posibilidades de hacerlo.

He de decir que no tengo demasiados casos guardados, principalmente, porque la gente que abandona el tratamiento no suele avisarte. Deja de venir y punto. Pero claro, mucha gente que mejora, deja de venir y punto, por lo que tampoco se puede llevar un buen control de éxito o fracaso terapéutico.

El caso es que estaba esta mañana repasando el último caso que tengo anotado. Un paciente con un problema de dolor en un hombro. Cuando hace pesas es cuando más le molesta y lleva ya un tiempo preocupado por qué puede estar sucediéndole. Acude a mi (hace un tiempo), le valoro, le trato y mejora. Pero cuando vuelve a hacer la actividad, vuelve a notar dolor. Vuelve y se repite la historia. Le recomiendo “ejercicios” para hacer en casa a modo de progresión del tratamiento. El objetivo es dotarle de herramientas para que pueda seguir con el tratamiento además del rato que esta conmigo.

Mi paciente continua teniendo dolor al hacer pesas, por lo que visita a un colega mío, muy de su confianza, y le cuenta su problema. Mi colega le manda hacer una actividad, previa al gesto doloroso, que evita que padezca dolor mientras hace el ejercicio (una corrección en la postura a nivel cervical). Si no lo hace, duele. De hecho sigue molestando en otras actividades cotidianas, pero al menos no en el gesto que tanto le preocupaba.

Y ahí vamos. ¿Ha solucionado mi colega el problema de mi paciente? En realidad no porque sigue teniendo dolor. ¿Ha quedado satisfecho mi paciente con el “tratamiento” (apenas tuvo tiempo para atenderle, consulta más bien) propuesto por mi colega? Sumamente satisfecho. ¿Por qué? Porque le ha dotado de herramientas de control. ¿Ein?

El problema principal de mi paciente no es tanto que un gesto concreto le origina dolor. El problema, para él es el miedo y la inseguridad que le genera el que en un gesto concreto tenga dolor. ¿Qué me pasa se pregunta? ¿Qué tengo mal? “No lo se, -le responde mi colega- pero ahora sabemos que haciendo esa corrección no te duele”.

Y le da lo mismo que el dolor sea el mismo y tenga la misma intensidad en el resto de actividades de su día a día, porque tiene algo con lo que puede hacerle frente.

El planteamiento del trabajo que le propuse iba orientado a mejorar el patrón de activación de la musculatura escápulo-torácica. Mi objetivo era obtener un gesto no doloroso con cantidad y calidad del movimiento. Pero no le dote de herramientas de control. No le demostré que él era capaz de provocar cambios en su dolor. Error.

Es fundamental dotar al paciente de herramientas de control suficientes, tanto en el plano “físico” (cantidad y calidad de movimiento...) como en el plano “emocional” (control de la situación, descontextualización del gesto doloroso...). Y es todavía más importante comprender que estos dos planos en realidad es uno solo. Que seguimos haciendo una distinción “cuerpo-mente” cuando en realidad todo es lo mismo.

Dotar de control de la situación, de control de la sintomatología, de control del problema. Hacer al paciente no solo partícipe del tratamiento si no convertirle en el protagonista del mismo.

Siento no estar a la altura de las demandas de todos mis pacientes e intento que pase las menos veces posible, pero agradezco este tipo de situaciones para poder aprender de mis errores.

Control. Necesitamos recuperar el control.