viernes, noviembre 13, 2009

¿Ver es creer o creer es ver?


Cada vez me apasiona más el tema de la neurociencia. Me parece un avance a la hora de entender el cuerpo humano. Integramos en el abordaje el rol de los “filtros” a la hora de interpretar el dolor. Las creencias, actitudes, educación... todo influye a la hora de procesar el “me duele”.

Parece ser que existen ciertas discrepancias a la hora definir categóricamente un paciente con dolor agudo de uno con dolor crónico. Últimamente cuando se habla de paciente crónico se habla de paciente con dolor en ausencia de daño. ¿Es así en todos los casos? ¿Es diferente en los pacientes agudos? ¿Podemos o debemos hacer realmente una diferenciación tan evidente entre dos tipos de pacientes?

Todo proceso doloroso provoca cambios. Miedos, creencias, actitudes. Incapacidad motora, alteraciones en el control motor, cambios en la neuroplasticidad. ¿A partir de qué momento dejamos de considerar a un paciente como A para considerarlo B? Porque por “definición”, un proceso crónico es aquel que dura más tiempo del previamente considerado o establecido... ¡Sumamente ambiguo!

Porque existen factores que pueden entrar en juego, tiempo después, que pueden considerarse “dañinos”, como perpetuación de puntos gatillo, alteraciones en la movilidad del sistema nervioso (con la consiguiente sensibilización), alteraciones en el patrón motor debido a compensaciones y maladaptaciones... ¿cuándo es demasiado? ¿Ahora?. ¿Ahora?. ¿Ahora?

El proceso de integración del que tanto hablo creo que debe pasar por un proceso de integración a la hora de entender al paciente. El otorgar una importancia capital al rol del cerebro, del YO, debe serlo de la misma manera para todos y cada uno de nuestros pacientes. ¿No es el cerebro el que regula los procesos dolorosos? ¿Cómo íbamos a dejarlo de lado?

Una de las “técnicas” o “concepto” que empleamos en consulta con muy buen resultado, corresponden al “Concepto Mulligan”. Vienen a ser maniobras donde a un movimiento fisiológico se le aplica un movimiento accesorio. Un ejemplo de esto sería flexionar el hombro mientras el fisioterapeuta aplica un deslizamiento antero-posterior de la cabeza humeral.

¿A qué se debe que variando levemente la posición biomecánica, el paciente sea capaz de realizar un gesto, hasta entonces muy doloroso o limitado, libre de dolor?

Cuando un paciente, con miembro fantasma, trabaja con la “caja espejo” empleada por Ramachandran, es capaz de controlar su miembro fantasma, de sentir el movimiento, de dejar de percibir dolor...

¿Una ilusión óptica libra de un dolor constante de años de evolución?

Hablamos en todo momento de lo mismo. No solamente es importante considerar la naturaleza del daño tisular, el daño estructural. Somos conscientes de la existencia de pacientes con daño sin dolor del mismo modo que los hay con dolor sin daño. Es de importancia capital entender cómo funciona nuestro sistema neuro-inmune, saber de qué medios dispone para “ayudarnos” y cómo puede alterarse todo su funcionamiento. Saber de qué modo podemos contribuir a “alterarlo” y cómo “serenarlo”.

La fisioterapia tiene por delante un campo prometedor, porque, del mismo modo que Ramachandran titula el segundo capítulo del libro que estoy leyendo, “creer el ver”, pero nosotros además de “educar”, de la labor pedagógica tan importante que podemos desarrollar, podemos “demostrar”. Podemos provocar cambios, y tenemos que dar herramientas de control al paciente para que entienda que esos cambios no son milagro nuestro. Podemos hacerle ver y entender que podemos mejorar su dolor, mejorar su calidad de vida.

Debemos mostrar resultados en la medida de lo posible para hacerles partícipes del tratamiento, otorgándole herramientas de control con el feedback positivo de que funcionan y no las hará por gusto nuestro... si conseguimos que llegue el mensaje.

2 comentarios:

Blogger Arturo Goicoechea ha dicho...

Los sistemas complejos son... complejos. Cada intervención en uno de los componentes repercute sobre el resto de las partes y sobre el todo. De ahí la necesidad de ser conscientes que todas las partes tienen entidad y que deben ser apreciadas en cada momento y lugar.

Existen huesos, tendones, articulaciones, hipomovilidades, miedos, deseos, archivos, errores, predicciones, evaluaciones, alarmas infundadas, necesidades... y un montón de cosas más. la labor del profesional es conocer el máximo posible del todo y las partes y acertar a acertar, sabiendo que la obcecación en el acierto es un error. necesitamos plasticidad profesional para guiar el proceso de la plasticidad del organismo y del individuo que lo habita. Complejo y sencillo a la vez pero apasionante.

6:47 p. m.  
Blogger villovi ha dicho...

Me gusta... "aprender a desaprender para aprender a aprender y acertar a acertar".

Un abrazo.

11:56 p. m.  

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