viernes, enero 19, 2007

ADRIÁN CASTAÑO

Una vez quise rendir tributo a FISIONET por lo importante que resulta para mi formación, ya no solo de manera directa, sino que gracias a él he conocido grandes profesionales que me han recomendado unos determinados cursos y con los que mantengo una buena relación.

Pero si realmente hay alguien que para mí merece todo el agradecimiento posible y todo el respeto profesional del mundo, ese es mi grandísimo compañero y aún mejor amigo, Adri.

La historia es larga y bonita. Todo empezó cuando yo estaba en segundo, con ganas de aprender lo que no me enseñaban en la formación. Entonces apareció un chaval menudillo (ahora aparte de ser tan alto como yo, está más fuerte...), nervioso y con ganas de aprender. Fué una sensación curiosa que no había tenido con ninguno de mis compañeros de promoción. Había conocido a alguien con unos intereses similares a los míos. Con verdaderas ganas de aprender. Desgraciadamente yo no tenía mucho para enseñarle... si acaso podía darle animos y poner mi ejemplo para pelear por lo que uno quiere.

Lo poco que aprendía se lo contaba con mucho entusiasmo. La verdad es que a nivel de amistad no teníamos mucha relación, pero conectábamos mucho en el ámbito fisioterápico. Ya por aquel entonces empezamos a hablar de montar una clínica juntos, cuando acabáramos la carrera. Y seguíamos con nuestros "debates fisioterápicos", hablando de lo que aprendía en mis prácticas con el Pamesa. Y poco a poco fuimos "creciendo" a nivel profesional, y la amistad fue creciendo progresivamente, hasta que en 2006 decidimos "casarnos en la fisioterapia" y montamos nuestra propia clínica.

He de decir que es una de las cosas de las que estoy más orgulloso en la vida. Estoy muy contento de poder decirlo, de poder presumir de ello... no de que tengo una clínica... de poder presumir de que tengo un grandísimo amigo con el que comparto todo y un grandísimo fisioterapeuta en potencia, que con la experiencia que adquiere día a día, va a hacer que tiemblen los viejos cimientos sobre los que se sostiene la medicina actual. Estoy convencido de ello y tengo que esforzarme cada día que pasa para poder seguir ese ritmo de conocimiento, esa pasión en hacer el trabajo que uno ama... tengo que luchar día a día no sólo para superarme, también para poder mantener el nivel.

Muchísimas gracias por todas las conversaciones, por los debates y las confesiones. Muchas gracias por haberme ayudado a conseguir el sueño que tenía desde pequeño de trabajar haciendo lo que me gusta, de poder disfrutar en mi trabajo, de levantarme cada día con ganas de ser mejor que ayer, de aprender algo nuevo cada día, de apoyarme en mis ideas y proyectos.

Gracias por ser ese compañero, amigo y hermano. Gracias por enseñarme cada día.

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